Prólogo de Mons. Jaume González -Agàpito en “Remedios para el alma”, libro de Pedro Riba.

Publicado: domingo, 30 de marzo, 2014

“REMEDIOS PARA EL ALMA” Y LA “TEORÍA DE LAS CUERDAS”

Mons. Jaume González-Agàpito

Doctor en Teología, en Filosofía y Letras y en Derecho

Delegado de Ecumenismo y Relaciones Interreligiosas del Arzobispado de Barcelona.

1. Los que hemos vivido gran parte de nuestra vida en el siglo XX tenemos la sensación de que nos ha tocado asistir, en las postrimetrías del siglo pasado y en los primeros años de éste, a un cambio de época. La Grecia de los grandes filósofos y el helenismo postalejandrino, la Roma clásica, la aparición de la burguesía medieval, el Renacimiento y la Ilustración representaron, con sus antecedentes y consecuencias, otros cambios similares en la “cultura occidental”. Dichos cambios, con todas sus secuelas de adhesión y contradicción, han marcado profundamente una civilización, la nuestra hasta hoy.

Desde sus orígentes, la imprenta fue el gran vehículo de difusión de las ideas, primero con los libros, y después con las publicaciones periódicas. El soporte electrónico –en todas sus variantes– es en la actualidad el medio que ha permitido que la globalización no sea simplemente una aspiración utópica, sino una realidad accesible a casi todos los hombres y mujeres.

Los tiempos de cambio cultural nunca han sido fáciles. Y ello en ninguno de los vectores que enmarcan su contexto social, económico, político y religioso. Son períodos en los que la mayoría de los ciudadanos tienen la sensación de andar perdidos y de ser una especie de náufragos en un piélago agreste y amenazador. Para echarles una mano surgen, además de los “profetas de calamidades”, como los llamó Juan XXIII, los salvadores que proclaman defender “a capa y espada” la sociedad tradicional que está feneciendo, o bien crear una nueva sociedad, las más de las veces pura utopía, que debe ser la de los nuevos ciudadanos. Tampoco han faltado, en esos tiempos de grandes cambios, los que en la Europa de los siglos XVII y XVIII fueron llamados “libertinos” o “paganizantes” y que predicaron el “carpe diem”.

En nuestra época, como en casi todas las anteriores de profundo cambio social, la ciencia positiva tiene un papel muy importante. Hoy, además, la “técnica” parece ser la llave de casi todo. Aquí y ahora se ha optado, por parte de no pocos coetáneos nuestros, por tirar por la ventana todo lo que represente una atadura o una referencia a la situación anterior, todo lo que tenga un cariz filosófico, o sea, una afirmación de los principios religiosos del pasado. Los medios de comunicación de masas de nuestra época, única fuente de instrucción y documentación de gran parte de los ciudadanos, contribuyen no poco a esa campaña “educativa”.

2. Por todo lo expuesto, sorprenderá al lector que un hombre curtido y ducho en los medios de comunicación haya escrito un libro de estas caracterísitcas. Sorprende, aún más, que plantee, ab ovo, las grandes preguntas de la tradición filosófica occidental, aunque revestidas con los paramentos de la “sabiduría” oriental. ¿Qué es ese animal “superior”, único terrestre que tiene conciencia de sí mismo? ¿Qué valores albergarán esas personas en su interior en ese cambio mayúsculo que está haciendo la humanidad? ¿La ciencia y la conciencia han sabido y sabrán evolucionar al unísono, en esta nueva era? La respuesta es precisamente este pequeño tratado en el que se intentan potenciar “los valores que nos distinguen de los animales”.

El autor cree que estos valores de las personas han de “sustanciarse en el autoconocimiento”, en la felicidad que permita llegar al equilibrio personal y en el alejamiento de las energías adversas. La síntesis es clara e interesante. Pero la obra no es el tratado de un ideólogo sofista, sino la propuesta de un hombre que se ha dedicado a entrevistar a centenares de personas y de ellas ha aprendido que los valores son “el tesoro que nos llevaremos al abandonar este mundo y ésta es también la herencia que dejaremos. El resto es pura ilusión”. Esa afirmación es de gran calado filosófico y, sobre todo, espiritual, en el sentido más amplio del término. Pero el autor, maestro en las artes de la comunicación, expone su mensaje en una “obra hecha con mucho cariño, sin dogmas ni pretensiones, en las que el lector encontrará una parte de mi filosofía, pero sobre todo hallará referencias, reflexiones y consejos que, además de al que suscribe, han servido a muchas otras personas de brújula en la que hallar el norte de su cotidianidad”. Es decir que se trata del manual de un estilo de vida escrito, además que con el conocimiento, la inteligencia y la razón, con el corazón de un filósofo-profeta-poeta-amante del mundo que le rodea y de sus semejantes racionales. Todo ello ha perfilado la estructura del libro.

3. La obra es un modelo de buen hacer literario marcado por el arte de la palabra, que es el oficio del autor. Cada capítulo empieza con una cita de alguna persona relevante. Sigue con una exposición del tema y con la citación de un pasaje de carácter  espiritual. Termina con los “diez mandamientos” sobre el tema del capítulo que se explica y comenta.

El temario es realmente sugestivo: la inteligencia del corazón, el ser feliz, cómo vencer a los enemigos, la fuerza del diálogo, la sonrisa, el equilibrio personal, el relajarse y vivir en armonía, el alejamiento de la energía de lo adverso, el vencer el rencor y la rabia, la ira y las rabietas, el desánimo, el fracaso, el miedo y las emociones adversas, la apatía del otoño, los complejos, la ansiedad, el orgullo, el sentirse afortunado y, como colofón, los objetivos para el nuevo año. Es todo un programa de superación personal a partir del concepto, clave para el autor, de “inteligencia del corazón”.

4. Me ha parecido reencontrar, adaptado a las circunstancias actuales, al maestro de las juventudes en la primera parte del siglo XX, Tihamer Tóth. Es curioso. El tono parenético, exhortativo e impulsivo es muy semejante. El estilo, directo y claro, muy parecido. La temática, en comparación con algunas de las obras del autor húngaro, muy próxima. Pero el enfoque o perspectiva es, en apariencia, diverso. En Tóth era abiertamente confesional. En nuestro autor es aconfesional. Pero eso es así sólo para quien no conozca las fuentes, el contenido místico, los procedimientos y la riqueza pedagógica de los relatos de las tradiciones religioso-vitales del oriente asiático y de algunas otras tradiciones religioso-sociales en otros continentes. El autor es un gran entendido en ellas; y, es precisamente en ellas que busca aquellos elementos que, de forma fácil y didáctica, hagan superar al ser humano occidental los obstáculos de su propia contradicción.

Este libro puede ser un buen manual, ágil y claro, de ayuda a una vida guiada por la inteligencia emocional, para la superocupada humanidad de hoy. Puede ser una ayuda muy válida para esposos, padres, maestros y tutores. Puede constituir un delicado regalo para la persona amada o admirada. Su estructura, metodología, proporciones y planteamientos son plenamente accesibles para casi todos. Su contenido un buen caudal para asimilarlo, meditarlo y hacerlo propio.

5. Con todo, y para terminar, me permito proponer al lector de este interesante manual algo semejante a la “teoría de las cuerdas” en los estudios e investigaciones cosmológicas.

Vivimos en una sociedad que cada vez nos gusta menos por sus contradicciones, injusticias, devaneos e inconsecuencias. Una salida es el mejoramiento personal, con sus propósitos incluidos, como nos expone la excelente obra que estoy presentando. A ello me apunto y, también, lo celebro. Esto es lo que ha propuesto, en nuestra cultura tradicional, toda una tradición de eruditos bienpensantes que además eran, como nuestro autor, unas personas tan excelentes que querían mejorar la sociedad mejorando a los hombres y mujeres que la integraban. Esta obra lo hace reclamando la afirmación y posesión de aquellos valores que vertebran la vida de las personas y que han de “sustanciarse en el autoconocimiento”, en la felicidad que permita llegar al equilibrio personal y en el alejamiento de las energías adversas. Estamos en la más pura tradición mística de casi todos los pueblos. Podemos hacer el camino guiados por un libro, que siempre es un buen y excelente compañero para todos.

Pero la “teoría de las cuerdas” va más allá. ¿No es toda la sociedad, quiero decir las mujeres y los hombres que hoy y aquí viven en ella, la que debe hacerse graves preguntas sobre su mismo origen, existencia, concepción, valor y viabilidad? Quizá ello nos lleve a una concepción del “universo” social muy diversa. Quizá muchas teorías, tenidas como intocables y referencia obligada de ortodoxia, empiecen a vacilar. Quizás se requiera toda una nueva concepción del hecho social que rompa con el estancamiento y la postración que tantos parámetros sociales experimentan hoy.

Un libro como este ayuda a formar personas válidas para ser autoconcientes, felices y modelos de equilibrio personal. Quizá estos seres humanos descubrirán y asumirán, en la sociocultura actual, una nueva “teoría de las cuerdas” que sea capaz de reinterpretar y explicar ese fenómeno tan curioso, maravillo e imprevisible que es la sociedad humana.

Barcelona – Pedralbes, 6 de octubre de 2010.