Entrevista de Eva Salabert a Pedro Riba sobre su libro “La Búsqueda” del Grupo Planeta.

Publicado: Domingo, 30 de Marzo, 2014

NOTICIA DE MENTE Y EMOCIONES

Entrevista: Pedro Riba, periodista y autor de ‘La búsqueda’

Escrito por Eva Salabert, periodista experta en salud

El periodista Pedro Riba

“En algún momento de nuestra vida necesitamos la empatía, la ayuda, el consuelo de un tercero, para poder ver claro

Pedro Riba, periodista, director y presentador del programa radiofónico ‘Luces en la oscuridad’ (ABC.Radio) y del magacín televisivo ‘Tierra de sueños’ (Canal 25 TV), acaba de publicar su último libro, ‘La búsqueda’ (Zenit-Grupo Planeta), una obra en la que ha aprovechado su dilatada experiencia como investigador de las emociones humanas, y los consejos extraídos de las numerosas entrevistas que ha realizado a expertos en el tema, para ofrecer al lector pautas para superar con éxito las crisis interiores que provocan problemas como el paro, la incertidumbre ante el futuro y la vejez, la pérdida de un ser querido, la separación de la pareja y el sentimiento de soledad…, así como recomendaciones para tener una actitud optimista en la enfermedad o aprender a superar un fracaso. “Tenemos que cambiar muchos verbos por los de quiero y puedo”, afirma el autor, que explica que ‘La búsqueda’, “sin querer ser un volumen de autoayuda, se ha convertido en un libro de auto conocimiento de uno mismo, donde cada uno va a ir descubriéndose a medida que comprenda alguno de estos capítulos”.

¿Qué es lo que le ha motivado para escribir un libro como ‘La búsqueda’?

“Lo que me ha motivado a escribir este libro son las ganas de ayudar al que quiere ser ayudado”

Gracias, me gusta que me hagas esta pregunta, porque en realidad lo que me ha motivado a escribir este nuevo libro es el deseo de compartir sensaciones, sentimientos y conocimientos, con personas que puedan estar necesitadas de una respuesta a sus dudas, sus incertidumbres, sus fracasos, desilusiones y logros… La propia vida nos pone a prueba diariamente, y muchas veces podemos ver el camino un tanto nublado, por lo que, y bajo mi propia experiencia personal y gracias al contacto con todos mis lectores, oyentes y telespectadores, en los medios en los que trabajo, he podido percatarme de que el “sentido común” no es “el común de los sentidos” por lo que esta obra, sin querer ser un volumen de autoayuda, se ha convertido en un libro de auto conocimiento de uno mismo, donde cada uno va a ir descubriéndose a medida que comprenda alguno de estos capítulos. Una forma de entender que, en momentos difíciles como los que estamos viviendo, todo es superable. En realidad, lo que me ha motivado a escribir este libro, son las ganas de ayudar al que quiere ser ayudado.

Al principio de ‘La búsqueda’ explica que no se trata de un libro de autoayuda al uso, sino que pretende dar las claves para que el lector aprenda cómo enfrentarse a determinadas situaciones de adversidad que pueden presentarse a lo largo de su vida. ¿Lo aconseja entonces como libro de consulta para aquellas personas que estén atravesando en este momento alguna de las dificultades que describe?

Como libro de consulta no me atrevería a clasificarlo, no soy quién… aunque pueda ayudar a mucha gente que lo precise. En algún momento de nuestra vida necesitamos la empatía, la ayuda, el consuelo de un tercero, para poder “ver claro”, algo que -aunque conozcamos y tengamos dentro de nuestra mente las respuestas- nos cuesta entender. No existen los problemas, existen soluciones. “Si un problema no tiene solución, por qué te preocupas, y si la tiene, por qué te preocupas…” En la vida hay que “ocuparse”, y no “preocuparse…”.

Los breves relatos que utiliza como ejemplo hacen más amena la lectura. El lector puede, además, sentirse identificado con alguno de los personajes o de las situaciones que se describen. ¿Encierran todos, al igual que las fábulas, una moraleja?

Evidentemente. Cada cual observará en uno de estos pasajes alguna circunstancia de su vida. Una forma rápida de “leer entre líneas” haciendo caso a nuestros mayores, a los que nos precedieron, a los que tuvieron un contacto con nuestra realidad porque es la misma –salvando las distancias– que la que hoy estamos viviendo, porque es consustancial al propio ser humano. Estamos compartiendo las mismas debilidades que antaño. Seguimos sembrando vientos y recogiendo tempestades… (nunca cambiaremos…), vicios y pensamientos negativos que han acompañado al ser humano en su camino. Recordarlos no nos viene mal. Santillana decía que…”el que no estudia y valora su pasado, tiende a repetirlo”, por lo que una mirada a la historia, a nuestros sabios, a nuestros ancestros, a modo de fábula, nos ayudará a entenderla.

Cuando las cosas van bien, no solemos reflexionar, ni poner en marcha la imaginación, ni afanarnos por buscar nuevas oportunidades para mejorar… Parece que el estado del bienestar genera cierta laxitud y enquistamiento. ¿Son necesarias entonces las crisis y los problemas para que sigamos evolucionando?

“El ser humano es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, sólo de las adversidades extraemos conclusiones y experiencias”

Albert Einstein decía que gracias a las “crisis”, el hombre se supera, pues pone en marcha resortes muy importantes: la imaginación y la creatividad. En cualquier caso, para ello hay que hacerse una pregunta muy importante “¿cómo vivo yo la vida?”. Bien, pues existen dos maneras de vivir la vida; “una como si nada fuese un milagro, la otra, como si todo lo fuera…”. En cualquier caso, el ser humano es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, sólo de las adversidades extraemos conclusiones y experiencias, por desgracia es así, qué le vamos a hacer. Es la ley del Karma, la ley de la causa y efecto, la ley del eterno retorno (la rueda del Shansara).

Usted dice que hay un tipo de huida –instintiva y productiva– que al ser una ‘alternativa a no tomar decisiones’, es una ‘fórmula para propiciar el cambio’. El ser humano está preparado desde sus orígenes para reaccionar ante el peligro de dos formas: luchando o huyendo; la tercera opción es quedarse paralizado. ¿Es mejor huir a quedarse parado?

Ni una cosa, ni la otra… una cosa es huir y quedarse parado, y otra es distanciarse para tener mayor amplitud de miras. Que un árbol no te impida ver el bosque. Refranes como… “los toros se ven mejor desde la barrera…” etc, no son fórmulas magistrales, es puro sentido común, del que antes hablábamos. Nos empeñamos en querer ver el bosque (los problemas) desde dentro, y eso es imposible. Por otro lado una cosa es quedarse parado, y la otra tomarse su tiempo para reflexionar. Hay que vaciar la mente, para que fluyan nuevas ideas. Un discípulo le preguntaba al maestro… Maestro ¿cómo puedo poner té en esta taza de café…? Y el maestro le respondió… vacía primero el café de la taza de café, y luego pon el té…”. Creo que me has entendido, ¿verdad?

Para no pasar a la acción utilizamos con frecuencia las excusas ‘no podré’ o ‘no sabré’, o ‘no estoy capacitado para’ pero cuando decimos ‘soy tozudo’ y, como usted explica, le damos una indicación a la mente de que se trata de una actitud inevitable; ¿esta forma de etiquetarnos a nosotros mismos no es también una manera de justificar nuestra incapacidad para actuar correctamente?

Estamos acostumbrados a auto-limitarnos, a auto-menospreciarnos, a auto-culparnos porque nos comparamos con… La sociedad, esa selva salvaje que intenta engullirnos, atrofiarnos en sus modelos y arquetipos que ella misma ha creado, intenta ofrecernos parangones, estatus, posiciones, roles, modelos que para nada, muchas veces, son los idóneos, los únicos, los verdaderos. Esos mismos valores que esta sociedad enseña, no son los mismos en otras sociedades, por lo que ser el más listo de la clase, el que tiene más títulos, el más avispado en una tertulia o charla entre amigos, el más recurrente en una reunión de negocios, el más simpático, el más sobresaliente, el más, el más… no significa que eso sea el mejor de los paradigmas. Si viajamos y nos movemos en culturas varias, nos daremos cuenta que lo que verdaderamente importa no es tener, sino ser, esa es la clave. Ser buenas personas, ser honestos, honrados, sinceros, con formas y maneras (allá donde fueres, haz lo que vieres…), humildes… eso es ser importante, lo demás es una falacia. Ser buen marido o esposa, buen padre o madre, ser un buen hijo, ser un buen amigo, ser un buen compañero, incluso con todas nuestras limitaciones y errores, es lo que de verdad importa para crecer y conseguirlo absolutamente todo.

Por ello, tenemos que ser claros y asumir nuestro rol, tenemos que ser coherentes con nuestras acciones, y honestos con lo que de verdad somos. Debemos mirarnos al espejo y ver que la persona que refleja es verdaderamente la que es, no otro personaje. Debemos sacar todo lo que tenemos dentro –aunque vayamos contracorriente– para demostrar al mundo y a nosotros mismos, que somos más anchos que nuestras ideas y circunstancias. No podemos compararnos con nada ni con nadie, pues nadie, nunca, tendrá mi aspecto, mi personalidad (lo más importante en el ser humano), nuestro temperamento (que es genético), y tan siquiera nuestro carácter (que es lo que aprendemos y curte nuestro yo interior), la forma de mostrarnos al mundo. Tenemos que cambiar muchos verbos por los de “quiero y puedo”, lo demás queda para los que siguen siendo esclavos de una sociedad que limita al ser humano en toda su amplitud de miras.

En una explosión emocional, afirma usted, el individuo muestra lo peor de sí mismo, su prestigio ‘cae en picado’, y los testigos del episodio no le volverán a ver ni a valorar de la misma forma. ¿Se puede reparar el daño infligido y recuperar, al menos en parte, la reputación perdida?

“Todos tenemos un ser maligno dentro de nosotros, lo único que precisa para que vea la luz, para que salga, es darle la llave”

El daño ya está hecho… es imborrable. Las malas acciones, los malos hechos, las difamaciones, las mentiras, todo lo esgrimido, no lo podemos recuperar y volverlo a aquella caja de Pandora, que todos llevamos dentro y que sólo abrimos en situaciones extremas o de forma instintiva. Dice el Dr. Bernat Noel–Tiffón, (psiquiatría, criminólogo y psicólogo forense, profesor de la UIC), que todos tenemos un ser maligno –un asesino en potencia– dentro de nosotros, lo único que precisa para que vea la luz, para que salga, es darle la llave. Nuestros amigos y compañeros, y la propia sociedad, nos juzgarán por nuestras acciones, por nuestros actos, nada más… No conocen nada de nosotros, no saben cómo pensamos, cuáles son nuestras virtudes y talentos, cuáles son nuestros ideales, por qué nos enojamos y contentamos; no saben más que lo que nosotros queremos que sepan y vean gracias a nuestro contacto con el mundo. Un corazón se habrá recuperado de sus heridas, parecerá nuevo, pero no lo es… Podrán perdonarnos, perdonaremos, pero el mal ya está hecho. Los ancianos, nuestra gente mayor que sabe mucho más de la vida que nosotros, tienen un refrán muy bueno y clarificador: “la lengua no tiene huesos, pero rompe muchos”. “Quien siembre viento… recogerá tempestades…”, etcétera, etcétera. Por eso es tan importante el no juzgar para no ser juzgados, y no herir para que no nos hieran… No hagas a los demás lo que no quieras que a ti te hagan… Al fin y al cabo, como diría Albert Einstein, “el mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”.

Usted afirma que un error que nos puede conducir al fracaso es que ‘la mayoría de las veces juzgamos el mañana desde nuestro hoy e influidos por el pasado’. Sin embargo, si también debemos aprender de los errores cometidos y las experiencias vividas, ¿no resulta una contradicción decir que no debemos dejarnos influenciar por el presente y el pasado?

“El futuro no existe, lo marcamos y hacemos todos los días, pues el hombre evoluciona, aprende, y amplía diariamente sus expectativas de vida”

¿Contradicción por qué…? No, me explico… La vida nos ofrece muchas experiencias de vida, de esas se nutre nuestro carácter, como te explicaba, nuestra personalidad. Gracias a esas experiencias aprendemos para no repetir más veces acciones que nos llevaron a un puerto no deseado. El futuro no existe, lo marcamos y hacemos todos los días, por lo tanto debemos mantenernos firmes en nuestras ideas de hoy, que seguro son distintas de las de ayer, y serán diferentes a las del mañana, pues el hombre evoluciona, aprende, y amplía diariamente sus expectativas de vida. Una cosa es vernos reflejados en nuestros ancestros, en nuestros padres, maestros…, en episodios que posiblemente nos han auto limitado, y otra no querer ver el pasado por miedo a repetirlo. No hay más ciego que el que no quiere ver. Una cosa es mirar y la otra ver.

Es muy distinto observar desde la distancia, que implicarse en esa observación. La física cuántica nos dice que el observador está cambiando de forma sustancial la medida de lo observado ya que, sin quererlo, está variando ese valor. No podemos volver la vista para apoyarnos en lo que fuimos, eso es irrecuperable, no somos los mismos, pero de aquellos que fuimos, aprendimos algo (espero), y lo que seamos mañana dependerá muy mucho, de quienes somos hoy. Juan XXIII, comentaba que “sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez”.

En el libro explica que ‘no podemos juzgar nuestra vida por lo que no hemos hecho, sino por lo que sí hemos llevado a cabo’. Una vez leí que se había preguntado a personas desahuciadas por alguna enfermedad qué harían si pudieran volver atrás, y la mayoría dijeron que se arrepentían de no haber llevado a cabo muchos proyectos y que, de tener una segunda oportunidad, se arriesgarían más. ¿Por qué cree que el ser humano es tan propenso a pensar que todo habría sido mejor de haber actuado de forma diferente?

Nunca estamos contentos con lo que tenemos. Con las bondades que el Gran Arquitecto del universo nos ha ofrecido, con los talentos que Dios nos ha entregado. Con lo que somos, hemos sido y seremos… Siempre miramos de aquí para allá buscando modelos, patrones, para asumir nuestras debilidades en función de nuestro prójimo. El ser humano, y me pesa esta afirmación, es muy egoísta, sólo pensamos en nosotros mismos. Si hoy mueren tantos niños de hambre diariamente en el mundo (más de 20.000 todos los días) es porque verdaderamente queremos que eso ocurra, no hay más. Sólo somos conscientes de lo que teníamos cuando lo hemos perdido. Cuando perdemos un padre, una madre, hermano o amigo. Cuando perdemos a un esposo, mujer o pareja, es cuando indiscutiblemente lo valoramos, no antes. Es una pena que no nos demos cuenta de la grandeza de los demás y sólo intentemos ver las nuestras.

El ser humano es importante por lo que fue, así lo recordaremos. El ser humano es imperfecto y un ser inacabado, repleto de prejuicios, frustraciones y complejos, siempre tan descontento de sí mismo. No podemos pensar qué es lo que no hice, sino qué hice por…, e incluso diariamente deberíamos plantearnos: hoy, qué haré, qué he hecho por aquel amigo, aquel desconocido, o por los más cercanos. Hoy qué he hecho para librarme de esa mala conciencia que tendré cuando llegue el día del óbito. Hoy qué he hecho para ser mejor persona y no dejar cosas pendientes. Cualquier ley religiosa o espiritual nos lo recuerda todos los días. Todos los días rezamos y damos gracias a Dios por permitirnos ver un nuevo día, pero hasta en eso somos egoístas, no damos gracias por permitirnos un día más amar a los demás y ayudarles, sino por dejarme vivir y ver un nuevo día…

Usted dice que la divinidad adquiere su verdadera fuerza con la concepción y conciencia de la muerte. ¿Cree que por eso se parecen tanto todas las religiones?

“Solamente entendiendo profundamente el valor de la muerte sabremos cómo actuar en nuestra vida, cómo comportarnos con los demás seres vivos del planeta para no dejar nada pendiente”

Evidentemente. Como decíamos, el ser humano es un ser imperfecto, tiene caducidad. De igual manera que nacemos moriremos, solo nos diferenciarán las circunstancias.

Todas las religiones del mundo, todas; todas las filosofías, credos y movimientos espirituales, nos hablan de vida y de muerte. Monoteístas, politeístas, ateos, agnósticos, gnósticos…, todos en el momento del tránsito necesitamos aferrarnos a algo, a una vida más allá de la muerte, a una vida más allá de la vida (como diría Raymon Moody), para liberarnos y obtener paz, sosiego y descanso. No deseamos limitar nuestra existencia al tránsito cognitivo consciente de quién soy en este mundo terrenal, desde un prisma o paradigma cientifista, pues soy o pretendo creer ser más de lo que soy, y darle más fundamento a mi existencia, ya que desde el intelecto no puedo sólo aferrarme a una vida material, sino a algo más… No puede ser que todo quede así, sin más…, esa es la diferencia con el resto de los animales, que no razonan a ese nivel, no piensan dónde van sus almas tras la muerte, nosotros, por ese apego al “yo soy” (Narciso) necesitamos creer en algo superior, en algo que nos dio la vida, y en algo –llamémosle como queramos– que nos la quita.

Solamente entendiendo profundamente el valor de la muerte sabremos cómo actuar en nuestra vida, cómo comportarnos con los demás seres vivos del planeta para no dejar nada pendiente, nada por lo que sentirnos arrepentidos cuando llegue ese momento temido para algunos. Podría acabar esta pregunta hablándote de Dios, de algún credo particular del que seguro se sentirán muchos lectores afines, pero, en cualquier caso, lo voy a dejar a la creencia de cada uno, pues cada cual tendrá su particular acercamiento a la divinidad, a su divinidad, a su Dios cercano. Al fin y al cabo, aunque existen muchas religiones y credos, solo existe una verdad. Como dijo en cierto momento el Dalai Lama, la única religión verdadera es la que nos hace libres, y cada cual tendrá la suya; y como dijo Juan Pablo II “en realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios”.

http://www.webconsultas.com/mente-y-emociones/emociones-y-autoayuda/entrevista-pedro-riba-periodista-autor-7422